viernes, 3 de noviembre de 2017

JORGE DE LA GUARDIA VEGA

MIEDES DE ATIENZA. MEMORIA DE DON JORGE DE LA GUARDIA
Y del teatro; y de don Juan Tenorio.


   Si don Jorge de la Guardia, que fue uno de aquellos personajes que dedicaron parte de su vida a forjar la Serranía de Atienza tal y como hoy la conocemos levantase la cabeza, sin duda que nos corría a sopapos. Porque don Jorge de la Guardia, además de forjador de una parte de la Serranía de Atienza, de ser pintor, dibujante, escritor, periodista, industrial, actor, coleccionista de sellos, médico, y unas cuantas cosas más, tenía un genio bastante arisco que heredaron sus hijos. Sobre todo don Paulino, quien también fue médico; como su padre, por Galve de Sorbe, Albendiego, Miedes, su entorno y, por último, antes de abandonar la provincia, Jadraque. Y no consentiría ver sus pueblos despoblados.

   Don Jorge no nació por estos pagos, lo hizo en Málaga, aunque en estos desarrolló lo más importante de su labor. Por aquí se casó con doña Paulina, una de las hijas del anterior médico de Miedes, don Paulino Izquierdo, y por aquí dejó a toda su descendencia. En tiempos en los que los médicos se casaban con las hijas de los médicos, como las maestras lo hacían con los maestros.

Jorge de la Guardia, caricaturizado por sí mismo


   Llegó en 1890 como médico de Galve, después de concluir en Madrid la carrera, y desde entonces no cesó de hacer cosas. Un día se paseó por la ermita de la Soledad, de Higes, y la decoró con sus pinturas. Unas pinturas que, para desgracia de nuestros tiempos, ya están más que perdidas. Y es que no tardó en mostrar el genio de dibujante, y de pintor, que llevaba dentro. Tanto que fue, como entonces se denominó, colaborador artístico de la mayoría de los semanarios provinciales de su tiempo. Y terminó sus días, en la década de 1920, en Madrid, exponiendo su obra pictórica en el Círculo de Bellas Artes, como integrante del colectivo madrileño de “médicos artistas”.

   Claro que sí. Que también fue uno de los fundadores de una de aquellas revistas “festivas y literarias” que en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX se pasearon por la provincia, la que se tituló, en Atienza, “Atienza Ilustrada”; en Jadraque, “La Alcarria Ilustrada”, y fue, en Brihuega, el germen del Briocense, de la mano, entre otros, de don Eduardo Contreras.

   Cuando don Jorge llegó a Miedes fue recibido con los brazos abiertos. Entre otras cosas porque su suegro, don Paulino, había invertido todo su capital a lo largo del siglo en adquirir gran parte de las propiedades desamortizadas a cofradías, iglesia y fundaciones, para convertirse en uno de los mayores terratenientes de la comarca. Claro está que ya no estaban en la localidad los Beladíez, los Recacha, los Somolinos o los Lozano, que en otros tiempos fueron dueños de mediana hacienda y grandes rebaños de ovejas.


Miedes de Atienza debe mucho de su progreso a don Jorge de la Guardia

   Caballero a carta cabal fue don Jorge; y como el don Guido de Antonio Machado, gran cazador. Y político en la sombra. Tanto que de su mano salieron alcaldes, diputados y senadores. Que por aquí fue la mano de don Alvaro, conde de Romanones, con quien se partió el cobre en aquello de llevarse codornices al cinto. Tanta estima le tenía, don Jorge al conde de Romanones, que por mejor tenerlo presente bautizó con aquel nombre a uno de sus mejores reclamos de perdiz. Un perdigón que, como el conde, estaba cojo.

   También fue de aquellos industriales adelantados a su tiempo que, viendo futuro en aquello de las eléctricas, se asoció con algunos médicos más, y otras gentes de bien vivir para, desde un antiguo molino de papel, luego de harina, dar el salto a la fundación de la compañía “Eléctrica de Santa Teresa”, que repartió luz por todos estos pueblos de la Serranía de Atienza, dominados por la Sierra de Pela o las torres castilleras de Atienza. Eléctrica que, desde 1904 en que se fundó, estuvo dando luz hasta 1962.

   Don Jorge conoció, en 1893, a doña Isabel Muñoz Caravaca, revolucionaria maestra atencina; y a don Eduardo Contreras, hijo del don Bibiano, del mismo apellido, quien desde Jadraque marchó a Atienza a dirigir la oficina de Correos y Telégrafos. A más de la fundación de la revista de marras, la Atienza Ilustrada, los tres dedicaron tiempo a la escritura y a una de las aficiones que por aquellos tiempos entretenía a las gentes de los pueblos: el teatro.

   TRES LIBROS PARA CONOCER ATIENZA A FONDO.

   Don Eduardo Contreras llegó a dirigir alguna que otra obrita, y a representarla, en Jadraque; como lo hizo en Atienza, y de ahí debió de venirle a don Jorge de la Guardia el gusanillo de fundar su propia compañía “lírico-dramática”, a la que en homenaje a quien entonces triunfaba en los escenarios literarios de Madrid, don Eduardo Zamacois, dio en llamar “Compañía Lírico Dramática Zamacois”, cuyo reglamento presentó para la aprobación del señor Gobernador civil de la provincia de Guadalajara en el mes de enero de 1901. Eran tiempos en los que, por estos pueblos, surgían estas y otras manifestaciones culturales. En Somolinos le salió a don Jorge la competencia al fundarse la “Compañía Lírico Dramática, Echegaray”.

   La primera gran representación de la compañía, en un teatrito que el propio don Jorge de la Guardia montó en su casa de la calle de la Fragua fue, claro está, de ahí el título de este recordatorio, Don Juan Tenorio. Obra que ya se asimilaba a estos días en los que se recuerda a los fieles difuntos y a todos los santos.

   La representación que tuvo lugar en Miedes, entonces llamado de Pela, por la su sierra, se llevó a cabo el 2 de noviembre, festividad de los fieles difuntos, en un ambiente que a muchos gustó y a algunos disgustó. Puesto que no estaba muy claro para el pueblo en general si diversión y luto podían caminar de la misma mano.

   La obra de Zorrilla, que había salido al mundo de la escena a mitad del siglo XIX se había representado en dos o tres ocasiones en los escenarios de Guadalajara, capital; y era la primera vez que se hacía en un pueblo de la provincia. Cifuentes sería el tercer escenario en el que la obra encontraría eco, dos o tres años más tarde.

   Por supuesto. La representación de don Juan Tenorio en Miedes de Pela fue todo  un éxito. El papel de don Juan lo interpretó don Jorge, y a doña Inés la encarnó una moza de la localidad, Cándida Gil. Don Jorge se encargó también de la decoración del escenario para el que, se nos dice, pintó un impresionante cementerio.

   Todo lo contrario de lo que sucedió en la presentación de la obra en Guadalajara el 1 de noviembre de 1896, cuando el actor que interpretaba a don Juan se quedó sin voz, se arruinó la función y el público terminó pidiendo la devolución del coste de la entrada.

   Tuvo, don Jorge de la Guardia, la complicidad para el éxito de su compañía de teatro de quien fuese maestro de la localidad don Francisco Barrio, hombre también de ciencia e inquietudes serranas quien tuvo una dramática muerte, de esas que quedan para recuerdo de los tiempos. Don Francisco un buen día, dando clase a sus alumnos, dijo delante de ellos sus últimas palabras: “me muero”, y se murió en mitad de la clase de gramática, a los 39 años de edad.

El Descendimiento de Cristo, en la ermita de Higes, obra de Jorge de la Guardia


   Con la Compañía Lírica Zamacois de Miedes de Pela, don Jorge dio cuerpo a unas cuantas representaciones, y a la gran celebración que Miedes vivió para conmemorar el tercer centenario del Quijote. En Miedes organizó decenas de actos lúdicos, festivos y culturales, impartiendo conferencias literarias con las que acrecentar la cultura de sus vecinos. E incluso acompañó, en aquella aventura literaria que recorrió estas tierras, a don Ramón Menéndez Pidal cuando por el mes de mayo de 1903 se empeñó el sabio en encontrar las huellas del Cid por tierras de Miedes, y de Atienza.

   La Compañía Zamacois llegó viva, en Miedes, con sus actos y representaciones, hasta el año 1911, cuando don Jorge de la Guardia dejó la comarca para trasladarse a Madrid, como médico de la Beneficencia del distrito de la Latina.

   Lo cierto es que, don Juan Tenorio, tras el primer y desastroso estreno, primero del que tenemos noticias, en la Guadalajara de 1896, se representaría, por segunda vez, en Miedes, hoy de Atienza, entonces de Pela.

   Un año después, de nuevo en Guadalajara, y en el Coliseo Luengo, regresó don Juan Tenorio, para triunfar. Esta vez bajo la piel del actor Julio Fuentes, que fue quien en aquella ocasión le dio vida. Pero en Miedes de Pela, o de Atienza, de la mano de don Jorge de la Guardia, ya había triunfado.

Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria
Guadalajara, 3 de noviembre 2017